CORE

Concepto funcional utilizado habitualmente para referirse de forma conjunta a las estructuras musculares y osteoarticulares de la parte central del cuerpo, sobre todo, del raquis lumbo-dorsal, la pelvis y las caderas. Se ha utilizado sobre todo en el deporte por la importancia de éstas estructuras ya que participan en la estabilidad del tronco y generación y transferencia de fuerzas desde la parte central del cuerpo a las extremidades. Sirve como centro de la función de las cadenas cinéticas, porque conecta las extremidades superiores con las extremidades inferiores.

Core stability: encontramos varios conceptos en función del contexto (biomecánico, clínico y deportivo), es un término ambiguo, hay un debate constante sobre su correcto significado. Una definición amplia, que tiene en cuenta todos los contextos podría ser: capacidad de las estructuras osteoarticulares y musculares, coordinadas por el sistema de control motor, para mantener o retomar una posición o trayectoria del tronco (también se incluye la musculatura de la cadera), cuando éste es sometido a fuerzas internas o externas.

Valoración del CORE stability: muchas propuestas de valoración, pero ninguna completa ya que para analizar adecuadamente la estabilidad del CORE hay que valorar la respuesta de éste (con técnicas cinemática y dinamométricas) a fuerzas de muy distintas características (magnitud, duración, dirección, velocidad…) en todos los contextos y condiciones. Además, el CORE stability depende de muchos factores y la interacción entre ellos (fuerza máxima y resistencia, coordinación intra e intermuscular, control motor y control propioceptivo).

Entrenamiento del CORE stability: lo trabajamos con los objetivos de prevenir lesiones (evitamos desequilibrios, descoordinaciones, inestabilidades…) y mejorar el rendimiento (mejoramos la estabilidad del deportista en los gestos deportivos, precisión de mmss, agilidad…). Se ha visto la relación del déficit de CORE stability con el dolor lumbar y las lesiones de las extremidades inferiores. Aunque parece lógico que sea así, los estudios que relacionan la contribución del CORE stability al rendimiento deportivo son escasos y tienen resultados controvertidos.

Para diseñar los ejercicios más efectivos y seguros nos basamos en la electromiografía de superficie (qué músculos se activan con un ejercicio concreto) y en modelos matemáticos (qué posiciones o movimientos son peligrosos para las estructuras ósteoarticulares). Se llega a la conclusión de que lo ideal es realizar una batería de ejercicios en los que se ejerciten músculos flexores, extensores, lateralizadores y rotadores. La activación de transverso y multífido es importante, pero sólo con su trabajo no se consigue la estabilidad del CORE. Los ejercicios más eficaces y seguros son: perro de muestra, bicho muerto y las planchas. Para el entrenamiento del CORE stability nos basaremos en estos tres ejercicios y tendremos en cuenta las siguientes pautas:
1- Primar la calidad de la ejecución, activación del transverso.
2- Variedad en los ejercicios, inclusión de desequilibrios.
3- Movimientos lentos y controlados progresando al aumento de la velocidad y el descontrol.
4- Primero ejercicios que soliciten el recto anterior y después los oblícuos.
5- Isométricos, concéntrico-excéntrico.
6- Realizar una progresión funcional aproximándonos al gesto deportivo.

No podemos olvidar la inclusión de ejercicios de propiocepción iliolumbar y de disociación de cinturas con el fin de coordinar el CORE stability con los miembros superiores e inferiores y progresar al gesto deportivo (coordinación intermuscular, control motor y propiocepción).

Hay pocas evidencias sobre las características (intensidad, volumen, frecuencia de los ejercicios) y eficacia de los programas de ejercicios del CORE stability, no sabemos con certeza absoluta qué es lo mejor, estas dudas quizás surjan de la dificultad para valorar el CORE stability.